Cómo una señal viva
se vuelve una obra.

Biópera es una ópera experimental de bioarte: hongos vivos, sonido e imagen en tiempo real y un relato contado desde el reino fungi. Una obra creada por Alejandro Sorin y Federico Seineldin.

El logotipo BIÓ:PERA proyectado sobre la pantalla, con anillos turquesa, y debajo la mesa con el cultivo de hongos frente al público en penumbra
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

Ópera experimental de bioarte con hongos en vivo

Percibir lo invisible,
escuchar lo inaudito.

Biópera es una ópera experimental de bioarte con hongos en vivo, en la intersección entre live cinema, arte sonoro y arte interactivo: una obra escénica con música, paisajes sonoros, dramaturgia y puesta en escena. La actividad eléctrica de hongos vivos es material de cocreación: modifica y genera el sonido y la imagen.

Biópera es ópera de la vida. Bio + ópera: una obra donde quien pulsa la partitura está vivo y pertenece a otro reino.

Primero, comprender cómo funciona. Después, dejarse llevar.

Una sala en penumbra. En el centro, un sustrato colonizado por micelio, con dos electrodos que registran, sin dañarlo, cómo cambia su conductividad eléctrica momento a momento.

El prólogo es parte de la obra. Fede muestra en vivo cómo la misma señal suena distinta según el instrumento y cómo modifica la imagen. Ahí se entienden dos cosas a la vez: que la señal es real y que el sonido es una decisión.

Después, con lentes 3D, empieza la obra. Tres personas trabajan en vivo sobre esa señal, y el recorrido alterna pasajes casi silenciosos con otros de gran intensidad.

Prólogo · unos quince minutos

El reino fungi, por qué existe el proyecto y la demostración de cómo se lee la señal. Enmarca el relato en el diseño especulativo y cierra con una respiración guiada que baja el pulso de la sala.

La obra · ocho actos

Música e imagen en vivo sobre la señal del hongo, a lo largo de un relato contado desde el reino fungi.

En un momento, la obra puede volverse abrumadora. Está buscado.

Federico Seineldin, con micrófono de vincha, habla junto a la mesa con el cultivo de hongos durante el prólogo
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

El relato

Ocho actos,
una profecía.

El relato habla desde el reino fungi. Recorre la historia de la vida, de su aparición a nuestro presente, y pregunta qué lugar ocupamos en ella y qué hacemos con ese lugar.

Una hilera de tanques de guerra hasta el horizonte proyectada sobre toda la pantalla; adelante, la mesa con los hongos y dos integrantes en silueta
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman
Un racimo de setas anaranjadas gigantes proyectado sobre una red celular, con la mesa iluminada y el público en silueta
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman
Dos integrantes a los lados de la mesa iluminada, contra una red celular blanca sobre negro que cubre la pantalla
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman
El cultivo de hongos sobre el pedestal iluminado, contra una visual verde de puntos como una pantalla de datos
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

Es una profecía y, a la vez, un llamado a la acción. El diseño especulativo imagina un futuro posible y lo vuelve vívido para que queramos evitarlo. Por eso se mide al revés que cualquier pronóstico: acierta cuando no ocurre.

Biosíntesis

Un hongo vivo conduce electricidad, y no siempre igual.

Le apoyamos dos electrodos y le pasamos una corriente mínima, inofensiva. Lo que medimos es cuánto le cuesta pasar: la conductividad del tejido cambia a cada momento con el agua que circula, los iones y la actividad de sus células. Esas fluctuaciones son la señal.

El aparato las convierte en pulsos, notas y voltajes de control, el mismo lenguaje con el que se gobierna un sintetizador modular. Y esos pulsos se vuelven sonido e imagen. A eso le llamamos biosíntesis: síntesis electrónica a partir de una señal biológica.

Qué decide el hongo y qué decidimos nosotros

El hongo produce las fluctuaciones: cuándo cambia, cuánto, con qué ritmo. Eso no lo controlamos, y también pesa lo que pasa alrededor: la humedad, la temperatura, un contacto. Nosotros decidimos todo lo demás: con qué sensibilidad escuchamos, qué cambios se vuelven nota, en qué escala, con qué instrumento suena.

El hongo genera y modifica; la lectura es humana. Esa distancia entre la señal y su lectura es el material con el que trabaja la obra.

Unas manos prenden el clip de un electrodo a una gírgola blanca
Fotograma: Biópera

La obra no se repite porque la vida que la produce tampoco.

Hay dos fuentes de variación, y las dos están vivas. La primera son los hongos: su actividad eléctrica cambia de una función a otra según su estado, su humedad, su edad, la temperatura y la luz de la sala.

La segunda somos nosotros. Fede modula las señales en tiempo real, Darvin toca sobre lo que escucha, Ale interviene la imagen, y lo que hace cada uno vuelve a entrar al sistema y cambia lo que leen los otros dos. Es un bucle de cuatro participantes: tres personas y un organismo vivo.

Una visual de micelio en azules, celestes y rosas cubre toda la pantalla, con dos integrantes en silueta junto a la mesa y el público de espaldas
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

Lo que reúne Biópera

  • Música. Percusión, loops y drones improvisados sobre la señal viva del hongo.
  • Imagen. Visuales en 3D que responden a esa señal y sostienen el relato.
  • Dramaturgia. Un relato operístico contado desde el reino fungi.
  • Ciencia. Micelio y actividad eléctrica, con el método explicado en escena.
  • Tecnología. Sensores que leen la conductividad del hongo y sintetizadores que la vuelven sonido e imagen en tiempo real.

Es un ritual interespecie: un encuentro entre arte, ciencia y público.

Una escucha entre especies.

El punto de partida es un sensor conectado a un organismo vivo. Sobre esa señal, Biópera construye una obra: visuales que sostienen un relato, una narrativa operística y tres personas que improvisan en vivo junto al hongo. Durante una hora, el organismo y los artistas forman un bucle que se retroalimenta.

Lo que se escucha son decisiones humanas sobre señales vivas, y la obra lo muestra desde el prólogo. Esa transparencia es parte de lo que Biópera quiere transmitir: una escucha atenta, curiosa y honesta de otro reino.

Un organismo vivo en la sala

El hongo está en escena, y su señal se lee mientras transcurre la función.

Una sola señal, sonido e imagen

La misma lectura modifica y genera la música y las visuales a la vez.

Una señal que sostiene un relato

Lo que se lee del hongo sostiene una dramaturgia de principio a fin.

El prólogo lo explica

Antes de la obra, Fede cuenta qué es el reino fungi y muestra en vivo cómo se lee la señal del hongo.

Darvin Elisondo de perfil, inclinado sobre sus instrumentos, contra una visual rosa y roja
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

La música

Una música hecha de pulso, textura y densidad.

El punto de partida es la señal del hongo, que llega en pulsos lentos e irregulares. Fede la modula en tiempo real; Darvin Elisondo construye encima bases percutivas con instrumentos electro-orgánicos y loops, y capas sostenidas con batidos binaurales y drones de una sola nota.

El resultado dialoga con el ambient, el drone y la improvisación libre. A lo largo de la obra la dinámica cambia mucho: hay pasajes casi silenciosos y otros de una densidad que envuelve la sala.

Las visuales son la mitad de la dramaturgia.

Una parte está prearmada; otra aparece, desaparece o se transforma según las fluctuaciones del hongo y las intervenciones en vivo de Ale Sorin.

Y la obra cambia también con el lugar. Se presentó en un planetario, en salas y en un cenote, a veces con lentes 3D y a veces con auriculares silent, y cada espacio obliga a reconfigurarla. A lo que trae el hongo se suma la forma que la obra toma en cada sala: nadie sabe del todo qué va a encontrar.

El domo del Planetario de Rosario con una nebulosa proyectada y la platea llena
Foto: Guillermo Turin Bootello

Fulldome · Planetario de Rosario

La pantalla es imponente y las visuales toman el protagonismo. Máxima inmersión visual.

La sala de ArtLab con dos setas blancas gigantes proyectadas a los lados de la pantalla y el público de espaldas
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

Sala inmersiva · ArtLab, Buenos Aires

Músicos y hongos a pocos pasos del público. Gana la presencia física y lo performático.

Proyección sobre la pared de piedra del Zenote de Tulum, reflejada en el agua
Fotograma: Biópera

Zenote · Tulum, México

Un cenote: proyección de 30 × 10 metros sobre el muro de piedra. La textura vuelve la imagen secundaria y los músicos toman el frente.

Quiénes somos

Tres trayectorias que no suelen cruzarse, en una misma obra.

Biópera reúne a artistas que vienen de disciplinas distintas: el videomapping y el cine, la investigación con sensores y señales de organismos vivos, y la improvisación sonora. Esa diferencia es parte de la obra. Cada función se construye entre los tres, sobre la señal viva del hongo.

Los mismos tres integramos Oscilatorio, un proyecto paralelo —sin guion ni relato— donde jugamos con la experimentación y ejecución de arte-factos sonoros y visuales y sus derivas. @oscilatorio_

Integrante sonriente frente a su computadora, con el proyector estelar del planetario en primer plano
Foto: Guillermo Turin Bootello

Ale Sorin

Visuales, videomapping y desarrollo conceptual · Biosíntesis de visuales · Creación · Producción artística

Realizador, productor y artista visual con más de veinte años de experiencia audiovisual, especializado en videomapping, edición y postproducción. Desarrolló su carrera en Argentina, Canadá, México y Uruguay. Estudió Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Su cortometraje Retiro fue premiado como mejor director en Hollywood y destacado en París y Buenos Aires en 2019. En Biópera crea un entorno visual inmersivo con imágenes precompuestas y generativas que reaccionan en tiempo real al sonido y a las señales del hongo.

Instagram @alesorin
Integrante operando detrás de una notebook, con un cultivo de hongos en primer plano
Foto: Guillermo Turin Bootello

Federico Seineldin

Biosíntesis y modulación del sonido de los hongos · Desarrollo conceptual · Presentación · Creación · Producción artística · Producción ejecutiva

Artista sonoro y emprendedor. Fundó y dirigió empresas de tecnología con impacto social: Openware, Njambre y Arbusta. En 2015 recibió el reconocimiento Creativo Argentino del Círculo de Creativos Argentinos por soluciones innovadoras en la intersección de lo tecnológico, ambiental y social. Trabaja con sonido analógico y desarrolla placas y sensores con tecnologías abiertas. En Biópera modula en tiempo real las señales de los hongos para transformarlas en sonidos y paisajes pertinentes para el oído humano, y presenta el prólogo de cada función. Publicó el libro de poesía Liminal y un LP de música experimental.

Instagram @fede.say
Darvin Elisondo de perfil, al micrófono, contra una visual naranja de textura fúngica
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

Darvin Elisondo

Improvisación con instrumentos electro-orgánicos · Producción sonora

Músico experimental y productor sonoro con más de veinte años de trayectoria. Participó en proyectos de exploración sonora como Hijo agrio y el disco Darvin Elisondo y Jorge Portillo, entre otros. En lo escénico formó parte de distintos proyectos y colectivos presentados en la sala Hugo Balzo del SODRE, en el Auditorio Nelly Goitiño y distintos teatros en giras nacionales. En Biópera origina bases percutivas con instrumentos variados y loops, y construye capas sostenidas con batidos binaurales y drones de una sola nota, improvisando sobre la señal del hongo.

Instagram @noviluniordcs

Próximas funciones

 · 18:00, 19:30 y 21:00

ArtLab · Buenos Aires, Argentina · Sala

Entradas
Cuatro espectadores con lentes 3D, recostados en las butacas, miran la cúpula del planetario
  • 19funciones
  • 3países
  • 5ciudades
  • más de2.500espectadores

Todas las funciones con entrada o reserva se agotaron.

Salas, un planetario fulldome y un cenote: la obra convoca, viaja y se adapta.

Foto: Guillermo Turin Bootello

Lo que dijo la prensa

Pedir material de prensabiopera.exp@gmail.com

Dos espectadores con lentes 3D de cartón en la sala de ArtLab, un hombre de pelo blanco y una joven de pelo enrulado
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

“Una forma de ritual que posibilita la conexión entre arte, ciencia y el público.”

Bioguía

El cultivo de hongos teñido de magenta y verde, con el logotipo BIÓ:PERA proyectado en el domo del planetario
Foto: Guillermo Turin Bootello

“Una experiencia multisensorial generada por hongos y humanos en vivo.”

La Voz de Rosario

Un grupo de espectadores con lentes 3D se saca una selfie en las butacas del planetario
Foto: Guillermo Turin Bootello

“La respuesta del público dejó sin disponibilidad el cupo habilitado para las presentaciones.”

Ojo de Prensa

Preguntas frecuentes

¿Qué es Biópera?

Una ópera experimental de bioarte con hongos en vivo, en la intersección entre live cinema, arte sonoro y arte interactivo: una obra escénica con música, paisajes sonoros, dramaturgia y puesta en escena, donde la actividad eléctrica de hongos vivos es material de cocreación. Creada por Alejandro Sorin y Federico Seineldin, con Darvin Elisondo en escena. Dura 60 minutos: un prólogo de unos quince minutos y la obra.

¿Qué conviene saber antes de ir?

Lo necesario se cuenta en el prólogo: qué es el reino fungi, cómo se lee la señal de un hongo y por qué existe el proyecto. Después, la obra invita a dejarse llevar.

¿Los hongos están vivos en escena?

Sí. En el centro de la escena hay un sustrato colonizado por micelio con cuerpos fructíferos, y unos electrodos registran su actividad eléctrica sin dañarlo. Los hongos se cultivan u obtienen localmente en cada ciudad donde se hace la obra, en coordinación con el espacio anfitrión: no se transportan organismos vivos entre países.

¿Qué hongos se usan?

Hongos de cultivo. La obra trabaja con su actividad eléctrica, que el público percibe a través del sonido y la imagen: la experiencia es de escucha y de mirada.

¿Qué es la biosíntesis?

La traducción de las fluctuaciones eléctricas de hongos vivos en sonido e imagen. Dos electrodos de contacto le pasan al hongo una corriente mínima y un sensor mide cómo cambia su conductividad momento a momento; cada fluctuación que supera un umbral se vuelve una nota o un voltaje de control, y esos eventos se mapean a parámetros de sonido y de imagen en tiempo real. Es síntesis electrónica a partir de una señal biológica, con el mismo lenguaje de los sintetizadores modulares.

¿Dónde y cuándo se puede ver?

Las funciones anunciadas aparecen en la sección de fechas, con el enlace a la ticketera de cada espacio. Con tu correo y tu ciudad, te avisamos apenas haya una cerca.

Merch

Hecho para mirarse con los lentes puestos.

Postales y stickers impresos en 3D estereoscópico: con los lentes de la función, el hongo se despega del papel.

Se consigue en cada función. Próximamente, también online.

Escribinos biopera.exp@gmail.com
Una seta gigante en verde fosforescente proyectada sobre la pantalla de ArtLab, sobre la mesa de escena
Foto: Frecuencias Sonoras / ph. Leon Feldman

Programar
Biópera.

Para teatros, festivales, planetarios, museos y eventos: la obra se adapta a cada espacio, y lo necesario para evaluar una fecha está en su página.

Traé Biópera a tu espacio

La obra incluye proyección estereoscópica 3D, visuales de alta intensidad lumínica y efectos estroboscópicos de baja frecuencia. No se recomienda a personas con epilepsia fotosensible o hipersensibilidad sensorial. Recomendada a partir de los 8 años.

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